El día cuelga torcido en la pared. Se me saltan los dedos por el lado que no debo, maldiciendo, quebrantando la poesía. Se me agrietan los labios por tener la piel caída, sin cura ni remedio que ponga fin a su tristeza. Se me abrazan los dientes por miedo a no saber cuándo dejar de temblar ni gemir en el vacío. Se me caen los párpados de sueño, de esperar sentado a que la solución al destrozo llegue de la mano de un ángel. Se me cae la vergüenza de sentir rencor a mis entrañas disimulando por lo bajo las palabras que revolotean por mi cabeza. Se me escapa la vida entre páginas públicas de sucesos olvidados. Y todo para seguir aquí, dormitando la desidia, asediando la paciencia y recordando, que al final, yo también voy a morir algún día. Ya hice todos los crucigramas, leí todos los libros, oí todos los cuentos, y no es suficiente. Lo peor de todo es que me doy cuenta de que, también a mí, se me está yendo la cabeza sin poder decirle "oye, vente ya".
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no puedo ir
hay paredes
y basura