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mientras intentas buscar explicación
a la marea.
Es tal que así aparece roto
entre la niebla sembrando
pérdidas de conocimento
y tardes de risas durante la espera.
Es como perdiendo la fe
y ganando tragedia
bajo la lluvia fina.
Es de la forma más casual e imposible,
impasible y sileciosa como un panda
que descansa buscando algo.
Es tal que cuentas batallas
y luchas historias
de príncipes y princesas olvidados
sedientos de esperanza
sin nada que les calme
si les quitas la posibilidad de querer.
Es como si sumas esfuerzos
para lograr el objetivo
tan invisible como todo
y tan visible como nada
como yo
como tú
dándole la vuelta al mundo
juntos
y revueltos.
(por definición)
Que me arranquen las espinas de golpe
si estoy yendo por el camino prohibido.
Confío en saber volar.
Que me quemen por dentro
si suponen que robo sin permiso
los planos de la isla del tesoro.
Estoy sentado y sentido en una esquina que nadie quiere ver, rodeado de charcos con bichos flotando, afinando la garganta y perdiendo la decencia en cada una de las decisiones que tomo. La gente pasa por delante sin preguntar porqué estoy mojado y piensan que vengo del fondo del mar, pero ellos no saben, y me repetiré las veces que haga falta, que aún no soy capaz de volar.
Confio en poder volar
Que me corten las alas
si quieren que les demuestre el camino para llegar al cielo.
Ahí seguro que empiezan a pararse,
(aunque solo sea por si acaso).
Mi castigo es tu premio y el premio duele al final. ¿Estás jugando en serio? Encárgame otro
exceso entre cafés y besos. Quiero que me hagas preso, quiero verme gritar. Aliviame este
peso, ataca sin piedad. Exprímeme los sesos, delicia y tempestad...
Tengo sin hueso la ansiedad, tan perdida como la cabeza, tan segura de querer mirar a la pared horas sin poder sentir ni un solo acorde del viento. Quiero ser un fantasma de nuevo, moverme sin pisar el suelo, perderme entre sábanas sucias, escapar a la lluvia. Me hago sombras sin saber cómo. Sí, otra vez, pero ahora sin saber cómo. Me pierdo entre las moscas, me confundo con ellas, les hablo, las miro, me entienden y me miman. Las necesito a mi lado. Yo también he roto aguas y se me caen los pantalones porque ya han cedido, ya han trabajado suficiente. Ahora me apetece aceite y resbalar sin saber donde estará la pared que me frene, perderme entre letras y volver a empezar el ciclo que creía inacabado. A lo mejor es que sólo llega hasta aquí. ¿Sólo para ésto? Sigue sin convercerme. Quizás solo necesita cerrar los ojos, tapar los oidos, romperme la nariz y coserme la boca. Quizá solo necesito tu tacto para empezar a pintarle colores al paisaje que me rodea.
Protéjeme del cuerpo.
Protéjeme del viento.
Protéjeme del mundo.
Protéjeme del riesgo.